El cambio climático debe ser tratado como una emergencia sanitaria mundial debido al aumento de los riesgos que las temperaturas extremas y otros fenómenos ambientales representan para la población. Esta es la principal advertencia del informe de 2026 de The Lancet Countdown sobre salud y cambio climático, presentado el 28 de octubre y elaborado por 146 investigadores de más de 100 instituciones académicas y científicas de más de 30 países.
El documento analiza 54 indicadores relacionados con el calentamiento global y sus consecuencias para la salud humana. Entre sus principales conclusiones destaca que los daños vinculados al calor, las sequías y los fenómenos hidrológicos extremos están aumentando, mientras las respuestas internacionales avanzan a un ritmo insuficiente para contener los riesgos. Los especialistas consideran necesario incorporar la protección de la salud como un elemento central de las políticas climáticas y de las decisiones de financiamiento.
Uno de los datos más preocupantes corresponde a las muertes relacionadas con las altas temperaturas. Según el informe, el calor estuvo vinculado con aproximadamente 710,000 fallecimientos en todo el mundo durante 2023, y más del 70 por ciento de esa carga se atribuyó al cambio climático provocado por las actividades humanas. Los investigadores también documentaron un incremento cercano al 36 por ciento en el promedio anual de muertes relacionadas con el calor durante los años posteriores a la entrada en vigor del Acuerdo de París, en comparación con la década anterior.
Las consecuencias no se limitan a la mortalidad. El calor extremo reduce la capacidad de las personas para trabajar al aire libre, afecta especialmente a sectores como la agricultura y la construcción y genera pérdidas económicas considerables. El estudio calcula que, durante 2025, la reducción de la productividad laboral asociada a las altas temperaturas representó alrededor de 1.07 billones de dólares en pérdidas potenciales a escala mundial.
La investigación también advierte sobre el deterioro de las condiciones ambientales relacionadas con el agua. Durante 2025, aproximadamente el 52 por ciento de la superficie terrestre experimentó sequías extremas durante al menos un mes, mientras que las precipitaciones intensas elevaron los riesgos de inundaciones y de enfermedades relacionadas con el agua. Estas alteraciones pueden afectar la disponibilidad de alimentos, el acceso a agua segura y la capacidad de los sistemas sanitarios para atender a las comunidades más expuestas.
Pese al panorama, el informe identifica avances que podrían contribuir a reducir los daños. La inversión mundial en energías limpias alcanzó un récord de 2.1 billones de dólares en 2025, y la expansión de fuentes menos contaminantes ha favorecido mejoras en la calidad del aire. Los investigadores recomiendan acelerar la reducción de emisiones, fortalecer los servicios de salud ante fenómenos climáticos, ampliar los sistemas de alerta temprana y garantizar recursos para que los países puedan adaptarse a los cambios ambientales.
Los resultados se presentan antes de la próxima conferencia climática COP31 y buscan impulsar una mayor coordinación entre los gobiernos, los organismos internacionales y las instituciones sanitarias. La Organización Mundial de la Salud respaldó el llamado a integrar la salud en las decisiones sobre mitigación, adaptación y financiamiento climático, con el objetivo de proteger a las poblaciones vulnerables y reducir los efectos de los fenómenos extremos.